La polémica Ley Sinde

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La Ley Sinde está dando mucho que hablar. Y sigo sin saber dónde está la polémica. Sólo se trata de una cuestión de sentido común. ¿Por qué no se va a pagar por la creación, por los derechos de autor, por la propiedad intelectual? ¿Acaso eso no le ha llevado trabajo al creador que, además, saca su creación al mercado para el uso y disfrute del espectador? Nadie está obligado ni a verla, ni leerla, ni escucharla. Quien elige hacerlo lo hace libremente. Como comprar un mueble, una determinada marca de yogur o un aspirador. Nadie, en su sano juicio, defendería llevárselo por la cara de una tienda. ¿Por qué las creaciones intelectuales sí? Todos y cada uno de ellos se han ganado a sus seguidores. No se les ha dado nada hecho. No son herederos de nada.

Javier Marías escribía en un artículo publicado en el País Semanal que “el dinero, las propiedades, las casas, los negocios, las empresas… se heredan hasta el infinito, generación a generación y a nadie le parece mal. Sólo los herederos de los artistas viven del cuento” según muchos. Y yo me pregunto ¿qué diferencia hay? ¿No se han ganado la propiedad intelectual con su trabajo? ¿Por qué no van a poder heredar sus descendientes los beneficios que le reporten sus obras? Si no somos capaces de defender de lo que vivimos ¿a dónde vamos a llegar?

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