Mariano, presidente

Pues eso: que ya tenemos imagen del nuevo presidente del Gobierno. Sí: aunque no haya tomado posesión de su cargo, Mariano Rajoy actuó en la noche electoral como presidente del Gobierno y ejerció como tal en el mismo momento que pronunció su discurso.

Todo lo que hizo daba la imagen del nuevo presidente. No habló como vencedor de las elecciones. No se regodeó en los datos y no se refirió al contrario excepto para pedir y ofrecer unidad y colaboración. Tuvo serenidad y altura de miras. Como corresponde a un presidente de Gobierno.

¿Cuántas versiones de discurso tuvo que preparar hasta dar con el definitivo? Además de las versiones variadas para la posible victoria que todas las encuestas vaticinaban, es posible que preparara uno para la victoria con mayoría absoluta, otro para la victoria pero sin tal mayoría, uno para la derrota por poco…y ¿entra dentro de lo posible que para una derrota? Tal vez todo ello. La experiencia ayuda.

Más decisiones de Comunicación: ¿Cuándo hablar? ¿Sólo o acompañado? ¿Antes o después de la ya habitual salida al balcón?

Un discurso así y una escenificación tal no se preparan en cinco minutos. Todo está pensado. Si hasta ahora nos hemos quejado de la falta de Comunicación, de los errores de Comunicación o de la no estrategia de Comunicación en el Partido Popular, ha quedado claro que cuando uno se prepara, y este era un momento que lo merecía, las cosas salen bien.

Hasta su forma de vestir parece perfectamente calculada, totalmente formal: chaqueta gris oscura, corbata gris plateada, camisa blanca… como si de la calle Génova se hubiese «teletransportado» directamente a la Moncloa.

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3 Comments
  1. Él no escribe los discursos, se los escriben. Él no se viste, le visten. Sino ¿para qué los asesores?
    Tendrá asesores para todo, esto lo deberías saber.

  2. Aún no trabajando en Comunicación, todo el mundo sabe que los personajes de interés público tienen asesores de imagen, de comunicación, de… Pero los que sí trabajamos en Comunicación también sabemos que nuestra labor de asesores llega hasta donde empiezan los criterios personales (y a veces inamovibles) de los asesorados. Unos con más flexibilidad que otros, pero todos tienen un punto en el que te dicen: “ya, pero yo lo prefiero así…”. Y la responsabilidad del asesor se queda en recordar que “lo mejor es enemigo de lo perfecto” y que es preferible una persona segura con lo que hace (con su traje, con su discurso, con su imagen…) que intentando “hacerse” con algo a lo que no está habituado cuando se encuentra en el punto de mira de la opinión pública.

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